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Colección de Poemas

AL FINAL DE LA NOCHE

 

Te amo más que una similitud irreal

entre lo terrenal y lo infinito,

más que una dúctil forma flamante

de "Te quieros" ardientes y descontrolados,

más que un sueño de amor mojado y agobiante,

perennemente embriagado de licor dulce.

 

Pudiera saciar esta sed de sexo en otro cuerpo insomne,

en alguna noche fría y desamparada,

anónima entre tantas estrellas escondidas por nubarrones,

pero no podría sentir la eléctrica pasión

que hierve burbujeante en mis huesos entumecidos,

desaforados de un fuego desbordado.

 

Tu sexo no es carne fulgurada de suspiros, caricias y besos,

es el infierno inmensurable y profundo,

lleno de dioses rabiosos, enfáticos de anhelos,

dichosos por mi partida apresurada.

Es el rincón incomprensible

donde se alojan los duendes

para revolotear sus incoherencias.

Tus labios no han llegado a ser

completamente míos,

ni tus besos son realmente verdaderos;

son un desafío brutal entre lo tangible y eterno.

Tu voz es una campanada sorda entre la muerte y lo cierto.

Tus ojos son mis tinieblas claras

que contienen espejos del más allá

y tus gemidos mis luceros recónditos e inaccesibles.

 

Mis manos corren apresuradas en tu cuerpo de hembra,

alimentadas con la pasión de la humedad en el aire,

atreviéndose a curiosear lo impensable,

y socavo tu alma al penetrarte lento.

 

En un ritmo escalofriante y desgarrador

me entrego a ti cual poseído inexorcisable

de espíritus efímeros en el Universo.

 

Quiero atragantarme de ti hasta sofocarme

para vomitar todos mis anhelos,

devorarte hasta el último pelo que te quede

después de absorberte toda,

enterrarme junto a ti en la misma tumba

y amarte en cada rincón del cementerio

mientras el silencio nos envuelva

con su sábana gruesa y áspera.

 

Y al final de la noche,

cuando las estrellas vayan desapareciendo

y dejen de ser testigos de esta pasión,

volver a clavarte el puñal de mi angustia,

en la podredumbre de tu carne ya marchita,

para matarte por segunda vez,

y así dejes de atormentarme con tanta furia,

y me pueda olvidar de tu vagina exquisita,

disfrutada por tantos hombres anónimos

después de mí.

 

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