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Colección de Poemas

FIGURA ESCARLATA

 

Te veo y me transmites algo.

Te siento mía aunque nunca te haya podido tocar.

Tu belleza es indescriptible y fantástica,

la fantasía masculina hecha realidad.

 

Mi cuerpo se estremece tan sólo al mirarte,

mi alma se eleva a cumbres infinitas

cuando logro balbucearte algunas palabras,

y mi amor hacia ti ha ido creciendo

imperceptiblemente.

 

Si la ingenuidad llegara a poder materializarse

estoy seguro que te elegiría a ti como su hogar.

Observarte y retener en mi convulsionado interior

todos los bellos sentimientos que tengo hacia ti,

dulce amor mío, fruta prohibida,

estrella refulgente de mis sueños.

 

Primavera es todo tu cuerpo, todo tu ser.

Siento que el mundo es hermoso

al contemplar tu rostro.

Creación perfecta, obra maestra

de valor incalculable.

Dios hizo que aparecieras en el Universo

para así demostrar que existe...

 

Disfrutar de tantas cosas tuyas

que me atraen fuertemente:

El rocío de tu cabello cayendo como una cascada

sobre tus frágiles hombros.

El cielo de tus ojos, luminosos como la aurora,

mostrándole a todos

tu espíritu encantador y maravilloso.

Los pétalos de tu boca sensual

refrescando el aire cuando hablas.

La delicada porcelana de tu piel suave y lozana

pidiendo a gritos que la acaricien y la arropen...

Y yo me contengo.

 

Tus pechos carnosos junto con tu cadera deslumbrante

que me hacen temblar de excitación y deseo;

pero me contengo de mostrar emociones.

Tus piernas, ligeras y desafiantes,

sosteniendo esa glamorosa escultura

que eres tú.

Encontrándose en el centro de tan magnos pilares

el dulce y meloso almíbar que nunca probé.

Jardín florido adornado por lindas

flores húmedas de polen cautivante,

manjar para deleite de los dioses en el Olimpo.

Pero lo más importante de ti es tu perfección, cautivante y singular.

 

Tierna paloma inocente y radiante.

Tu risa pegajosa y contagiante podría hacer feliz

a cualquier mortal sobre este planeta.

Tu alegría llena de festividad y ánimo,

tan infantil, tan errante.

Reservada y tímida, pero completa.

Qué desgracia, me tengo que contener.

 

Pensar que descubrí plenamente

el más puro y desorbitante amor

al apreciar tu figura escarlata y detallar

tu silueta en la sombra.

Saber que debes sentir algo muy lindo por mí,

porque me lo demuestras a cada momento con tu mirada,

con tus gestos, con tu nerviosismo,

con tus frases, con tus actos.

Y, sin embargo, sentirme completamente atado e impotente, sin refugio ni calor,

al verte agonizando en esa cama ruin

de este desvencijado hospital,

mientras el cáncer lentamente te va matando.

 

Ya estas pálida, calva y sin aliento.

Te quedan unos pocos días de vida...

 

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