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Colección de Poemas

GRITOS MENTALES DE UN HOMBRE VIEJO

 

El cielo se abre imponente en el horizonte.

El azul incandescente refleja la belleza del día.

Un grato perfume entra sigiloso

por la ventana abierta.

Desde el amanecer de mi habitación,

plácidamente tendido en la cama inmensa y acogedora,

junto a la mujer que amo infinitamente,

contemplo los coloridos canarios

entre las flores del jardín

emitiendo su dulce y afinado canto.

Respiro profundamente... soy absolutamente feliz.

Recibo un beso tiernísimo por parte de

mi bellísima esposa.

Su voz me dice sutilmente: "Buenos días querido, te amo".

De repente, mis dos pequeñas hijas,

ángeles venidos del cielo,

entran corriendo con gran alegría para reunirse

con nosotros.

Entre todas me abrazan, me besan, me acarician...

Soy realmente feliz.

El amor ha entrado a lo más recóndito de mi corazón.

El momento se vuelve ideal, único, inmejorable.

Todo a mi alrededor irradia

los más bellos y dulces sentimientos.

Mi universo completo yace en el infinito

de esta verdad.

La felicidad grita con gran regocijo su existencia...

 

...Y mientras todo esto lo disfruto con exaltación

en mi imaginación,

estas imágenes se van desvaneciendo lentamente,

a medida que vuelve a aparecer ante mis ojos

el mundo obstinante y deprimente

en el que me encuentro.

Y la fantasía se ve desplazada en mis pensamientos

por la triste y cruel situación

que tengo que afrontar entre tinieblas.

Sin ninguna movilidad,

sentado en mi aplastante silla de ruedas.

Olvidado en un mohoso y oscuro cuartucho

de un desolado asilo mental.

Solitario, triste, con un profundo pesar en mi alma.

Si tan sólo pudiera mover alguna parte

insignificante de mi cuerpo,

con toda seguridad me quitaría la vida.

No me importaría en absoluto hacerlo,

porque nadie extrañaría mi absurda presencia.

Sin embargo, mi infierno es tener que soportar todo

esto, sin poder hacer ni decir nada.

Necesito la ayuda misericorde de alguien muy humano

que sea capaz de matarme, de cualquier manera.

Si tan sólo pudiera expresarlo con palabras.

Por ahora sólo me queda alimentar mi vida

con estas bellas ilusiones,

que mi mente ha tenido la generosidad de brindarme.

 

El ruido de las olas del mar purifica mis oídos,

el Sol broncea tenuemente mi piel

y el de mi escultural compañera de siempre.

Ella me susurra algunas hermosas palabras muy cerca.

Me volteo y la empiezo a besar apasionadamente

y...

 

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