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Colección de Poemas

SEXO MUERTO

 

Lo primero es contemplarte firmemente,

observando detenida y detalladamente

todo tu cuerpo lleno de candor. 

Tu cara, porcelana brillante,

hermosa, frágil, perfecta.

Tu cuerpo, espigado y débil;

tus manos, suaves terciopelos al tacto,

al igual que tu piel, lozana, de dulce almíbar.

 

Tus ojos, gigantes luceros que iluminan la noche,

que iluminan mi oscura alma.

Tus piernas, tenazas que se aferran

a lo prohibido por la humanidad.

 

Tu boca, fresa fresca e inmensa,

protegida por la voluptuosidad de tus labios incandescentes.

Tu cabello, largo, agitado y salvaje.

Marco imperecedero para tanta belleza.

 

Tu mirada, perdida y fría como un témpano de hielo,

hace temblar de espanto al menos desprevenido.

Tu espíritu, ausente y ya lejano.

Eres sólo un cuerpo, vacío, desnudo, tieso y helado.

 

Por eso quiero penetrarte con furia,

para unirnos en comunión tú y yo en el infinito,

a través de dos mundos diferentes y paralelos.

 

Mi ilusión excita con descaro a mi realidad.

Empecemos ya, sin demora, apresuradamente,

porque tengo el presentimiento recóndito

que se está acercando a esta habitación,

con sigilo en medio de este arrebato interrumpido,

algún maldito médico forense.

 

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